Sales de una reunión y en el pasillo alguien te suelta lo importante. Tres frases, dos compromisos y una fecha. No hay Teams que grabe eso, no hay acta, no hay nada. Llegas a la mesa y ya solo te acuerdas de la fecha.
La aplicación móvil de Copilot ha estrenado una opción para justo eso: Grabar. Abres el micrófono, hablas o dejas que hablen, y cuando paras te devuelve la transcripción y un resumen dentro del chat. No es una nota de voz. Es una nota de voz que además piensa.
Aviso. Grabar necesita una licencia de Microsoft 365 Copilot asignada a tu cuenta del trabajo o del centro de estudios. Con la cuenta personal no aparece. Y aunque la tengas, tu departamento de informática puede haberla desactivado para toda la organización: si no ves la opción, pregunta antes de volverte loca buscándola.
Lo primero: busca otro icono
Antes de nada, un aviso práctico. Microsoft ha unificado la versión personal y la corporativa de Copilot en una sola aplicación, y con la unificación ha cambiado el icono. Si tienes el móvil lleno de aplicaciones y buscas el de siempre, no lo vas a encontrar. Busca el nuevo: es más simple, un lazo de colores sobre fondo oscuro.

Y ojo con el nombre de la opción, porque depende de la versión que tengas instalada. En unos dispositivos aparece como Grabar y en otros como Registro. Es la misma cosa.
Dónde está
Está escondida donde nadie mira: en el menú de adjuntar, el mismo del que cuelgan la cámara, las fotos y los archivos.
- Abre la aplicación de Copilot y entra con tu cuenta del trabajo.
- En el cuadro de mensaje, pulsa el + de la izquierda.
- En la lista que se despliega, elige Grabar.
- Acepta el aviso de consentimiento y pulsa Iniciar.

El consentimiento no lo pide Copilot: lo pides tú
Cada vez que arrancas una grabación aparece un aviso. No es un trámite: es la parte más importante de todo el artículo.

Copilot no avisa a nadie por ti. No suena un pitido, no aparece un cartel en la sala, la otra persona no se entera. Las leyes sobre grabar conversaciones cambian según el país, y encima tu organización puede tener su propia norma por encima de la ley. Así que la frase es literal: pide permiso en voz alta antes de pulsar. Cuesta dos segundos y te ahorra un disgusto.
Grabar, pausar y seguir a lo tuyo
Mientras grabas ves un punto rojo, el tiempo transcurrido y la onda del sonido moviéndose. Debajo, dos botones: Pausar y Listo. Y una X arriba por si te has equivocado y quieres tirarlo todo.

La pausa es más útil de lo que parece. Si en mitad de la reunión alguien saca un tema que no toca, pausas, dejas que pase y reanudas. La grabación sigue siendo una sola, sin ese trozo dentro. Al pausar desaparece el punto rojo y el botón cambia a Reanudar.

Y lo que a mí me convenció: no tienes que dejar el móvil mirando a la pantalla como un pasmarote. Bloqueas, guardas el teléfono y la grabación continúa. En la pantalla de bloqueo se queda una banda con el icono de Copilot, el tiempo que llevas y los botones de pausa y de terminar. Sin desbloquear.

La grabación no se sube sola
Aquí hay un detalle que conviene tener claro, porque la documentación no lo cuenta así de bien. Cuando pulsas Listo, el audio se queda en el móvil. No sale a ningún sitio hasta que tú confirmas la carga.
La pantalla de subida te explica qué va a pasar (crear la transcripción y el resumen) y te ofrece dos salidas: Cancelar carga, si te has arrepentido, o Notificarme, para irte a hacer otra cosa mientras se procesa. Con una grabación larga eso se agradece: te avisa el móvil cuando está.

Una vez subido, el audio, la transcripción y el resumen viven en tu OneDrive de empresa, dentro del entorno de tu organización. Heredan las etiquetas de confidencialidad, las políticas de conservación y los permisos que ya tengas configurados. Y no se usan para entrenar modelos.
Lo que te devuelve
Cuando termina de procesar, en el chat te aparece la transcripción como archivo adjunto y, debajo, un mensaje que Copilot se escribe solo: resumen general, puntos clave, acciones y preguntas abiertas.

A partir de ahí es una conversación normal. Puedes pedirle «¿a qué me he comprometido?», «pásame esto a tres viñetas para mi jefa» o «redacta el correo de seguimiento para los asistentes». La transcripción está en el chat, así que no hace falta que se la vuelvas a dar.
Truco. Antes de cerrar una grabación, di en voz alta lo que quieres que quede: «acciones para mí, dos: cerrar el presupuesto el viernes y hablar con Marta». Eso entra en la transcripción y el resumen lo recoge tal cual. Te ahorras corregirlo después.
Quién dijo qué, y cómo arreglarlo
La transcripción separa las intervenciones por interlocutor y marca el minuto de cada una. Lo que no hace es saber cómo os llamáis: te va a poner Speaker 1, Speaker 2 y así. Lógico, porque nadie ha entrado con su cuenta a esa conversación de pasillo.

Se arregla en dos toques, y el cambio se aplica a todas las intervenciones de esa persona a la vez:
- Abre la transcripción y pulsa el lápiz de arriba a la derecha.
- Toca el nombre Speaker 1.
- Escribe el nombre real y pulsa Guardar.

Desde ese mismo modo de edición también puedes corregir el texto. Sirve sobre todo para los nombres propios, que es donde más se equivoca cualquier transcriptor: marcas, apellidos, siglas internas. Corriges cuatro cosas y el documento ya se puede compartir sin que dé vergüenza.
Antes de fiarte del todo
- El límite es de 120 minutos por grabación. Al llegar se para sola y procesa lo capturado. Para una jornada larga, cortas y vuelves a empezar.
- Necesitas conexión para la subida, no para grabar. Puedes grabar sin cobertura y subirlo al llegar.
- El micrófono es el del móvil. En una sala grande y con eco, la transcripción lo nota.
- Esto no sustituye a la grabación de Teams. Si la reunión es en Teams, grábala en Teams.
Un detalle que se agradece: como entras con tu cuenta corporativa, todo queda conectado. La grabación la haces en el móvil, pero la transcripción y el resumen los tienes también en Copilot desde el ordenador y desde el navegador. Grabas de pie en un pasillo y lo trabajas sentada media hora después.
Llevamos años apuntando en servilletas mentales lo que se dice fuera de la sala de reuniones. Lo que cambia aquí no es que el móvil grabe, eso ya lo hacía. Es que lo que grabas aterriza en el mismo sitio donde después trabajas, con el resumen hecho y con permiso para pedirle otra cosa. La parte difícil sigue siendo la de siempre: acordarte de pedir permiso antes de pulsar.




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